Creación, recreación, identidad(es) y crisis en Satolep

Una reseña caótica y arbitraria del libro VITOR RAMIL, NASCER LEVA TEMPO de LUIS RUBIRA[1]

Rubira

Antes (un reconocimiento previo)

Los noventa no fueron sólo años de neoliberalismo que en estos días vivimos como un déjà vu. Muchas otras cosas – por suerte o desgracia – también se sucedieron. Quiero rescatar una de las buenas. En la playa de Campeche, en Floripa, cuando la avenida de nombre homónimo era aún de tierra. Allí había ido a parar mi amigo Alejandro González Labale. Antropólogo (en estos tiempos anda por Teresina en Piauí). Su casa quedaba en el servidão Alexandrino Pedro Daniel, a pocas cuadras de la playa. Después de unos días de visita, antes de volver a Posadas, me regala un CD. Era Tambong de Vitor Ramil. Antes de llegar a mi casa, en el largo viaje en bondi leía ansioso las letras en el bocklet y pensaba como sonaría ese pequeño disco donde convivían los nombres de Pedro Aznar, Bob Dylan y Egberto Gismonti. A la manera de una génesis poético y musical, ese regalo fue la puerta de entrada a un itinerario que me llevó a ver la presentación de ese disco en Baires, el Cd de Ramilonga adquirido en algún viaje por Brasil, y participar – casi casualmente – de la presentación del libro Vito Ramil, Nascer leva tempo de Luis Rubira[i] en Santa Rosa, Rio Grande do Sul.

Arqueología do sul

Como toda obra de arqueología contemporánea, el ensayo de Luis Rubira sobre Vitor Ramil parte de una dificultad, o de varias, mejor. Una tiene que ver con el perfil del artista puesto en foco. Vitor Ramil es alguien que reflexiona sobre su propio trabajo. Una hermenéutica personal y pública. Y esa reflexión produce un corpus textual en diálogo con las canciones y la experimentación poético-musical que propone. Ese desafío lleva a Luis Rubira a recorrer y escarbar en las capas subterráneas de la obra de Vitor Ramil. Otro “problema” que se le presenta al autor es la evidencia de una obra contemporánea en pleno desarrollo y mutación hasta estos días. Para captar los movimientos de la obra de Vitor Ramil hay que configurar la cámara en Al Servo, sin dudas se hace necesario un enfoque continuo.

Rubira propone un seguimiento cuyo corpus está constituido por los discos (Cds), los textos de ficción y los ensayos de Vitor Ramil, así como las reseñas, comentarios y entrevistas de la prensa. El eje es cronológico y va desde el primer disco del joven prodigio: Estrela, estrela (1981) con arreglos de Wagner Tiso y Egberto Gismonti, hasta Longes (2004), producido en Buenos Aires por Pedro Aznar.

Ser lo que se es

Con honestidad brutal Luis Rubira cuenta, en el prefacio, que hubo un texto previo. Un trabajo que demandó cinco años y que una vez culminado fue discutido con el mismo Vitor Ramil. Alli este le señala que había dejado afuera del corpus el primer disco y que era necesario incorporarlo como parte de un proceso creativo que consideraba importante. Después de esa charla Rubira comprendió que a pesar de las palabras – muchas veces – displicentes de Ramil respecto a esa primera experiencia discográfica, esta formaba parte de “o deslocamiento dos seus questionamentos sobre identidade, suas autosuperações e criações (que)  representavan a antitrajetória de um artista…” (Rubira, Luis; 2017:16)

En esa canción que da título al disco (Estrela, estrela) se prefigura, según Rubira, el camino del salmón que Vitor Ramil va a iniciar en el campo de la música del Brasil. Esa estrella solitaria que brilla sin querer, y es – a su vez -parte del poeta, ilumina el trabajoso camino de constituirse una singularidad por fuera del sentido común hegemónico que suelen relatar las propaladoras del “ser oficial brasilero”. Ser centro de la periferia, no sólo geográfica sino también musical y poética. Un Brasil que no se reconoce en calurosas tropicalías estéticas sino en frías madrugadas camperas de horizontes pamperos. Milongas, gaúchos y una ciudad imaginaria habitada por  personajes que se funden en portugués y castellano. Legado familiar y una identidad abierta. Bienvenidos a Satolep.

Satolep

La manera en que Luis Rubira relata la construcción de Satolep cual cronista de fina mirada y perspicaz intuición es, simplemente, el brillante ejercicio de una genealogía de un concepto estético. La ciudad que vio nacer a Vito Ramil, de la cual se va y vuelve (ya sea para el norte carioca o el sur platino) es Pelotas, en Rio Grande do Sul. El acordeonista ciego en la terminal de la ciudad, una acuarela con motivo parisino en la casa de una tía, la búsqueda de una rítmica prosódica para la palabra en una canción, la cultura afro y gaúcha, la arquitectura colonial, la voz del padre, la de antiguos poetas sulinos y la estética del frío son algunos de los elementos que constata Luis Rubira en la formulación que de Satolep hace Vitor Ramil. Ciudad Imaginaria que a la vez funciona como programa performático en la creación (y recreación poética) de canciones así como en las presentaciones en vivo con la aparición – en la tradición de Ziggy Stardust – del Barão de Satolep.

Creación y re-creación (Dylan & Borges, otra vez)

A lo largo de la obra de Vitor Ramil aparecen versiones y  recreaciones de canciones de Bob Dylan. Inclusive en Campos Neutrais (2017) hay una versión de Sara (rebautizada como Ana). Sin embargo, cuenta Rubira, desde 1984 Ramil venía presentando en vivo el tema Joaquim, una recreación de Joey de Dylan. A partir de la historia de un personaje incomprendido por la sociedad, el Joaquim de Satolep (Joey era de New York) adquiere características regionales. Al decir d Rubira: “…Joaquim era a canção de um artista sulino que falava por meio de signos conhecidos pelos seus coterráneos.” (Rubira, Luis; 2017:82)

Digresión personal

(Permiso Luis)

No es casual, creo, esta relación de Vitor Ramil con Bob Dylan, o mejor, de una obra con otra. En primer lugar la preponderancia de la palabra, no sólo en su sentido u horizonte semántico, sino también en su sonoridad. En segundo lugar (aclaro que no se trata de un orden jerárquico) la apelación a la obra poética de autores como un elemento más en la construcción de la canción. Y, por último, en tercer lugar, la relectura y apropiación del material poético en el marco de una producción singular. Así como hay visiones de Ezra Pound y T. S Elliot – entre otros – en las canciones de Dylan,  también aparecen en las canciones de Vitor Ramil las de Jorge Luis Borges, Joao Da Cunha Vargas, Fernando Pessoa, Chico Buarque y, por supuesto, el propio Bob.

(Gracias, Luis)

Creación y re-creación II

La milonga es el lenguaje común que une el portugués con el castellano. Los estados nacionales de Uruguay, Brasil y Argentina se encuentran atravesados por un paisaje cultural ligado a figura del gaucho, o gaúcho.

Digresión II

(Brevísima, gracias)

Figura inefable que forma parte de un imaginario que en Argentina se utilizó como referente de la nacionalidad que concentraba los valores de un héroe griego (tal lo escriben y describen Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones). Sin embargo, la figura del gaucho también es un campo de lucha en donde se visualizan las relaciones de poder en las sociedades platinas.

(Seguimos)

En Ramilonga, a estética do frio (1997) aparece una de las voces más fuertes de las que componen el universo de Vitor Ramil. Si bien, como señala Rubira, se trata de un conjunto de canciones en donde se mezclan antiguas composiciones (como Ramilonga del 84) con otras especialmente creadas para esa producción: “Os ‘ares’ de milonga que cruzam sobre a cidade e o fazem desaparecer certamente vêm do campo e para ele se dirigem. São ‘ares’ de um pasado. O conjunto da obra, então, irá mergulhar o ouvinte na linguagem quasi esquecida dos avos, permtir o encontró com uma cultura praticamente soterrada pelo estereótipo do gaúcho (Rubira, Luis; 2017:161). Aquí Rubira se encuentra con la reflexión de Ezequiel Martinez Estrada en Muerte y Transfiguración del Martín Fierro (1948) cuando señala como el Martín Fierro (1872) de José Hernández coagula una imagen del gaucho que pasa a ser referencia unívoca no sólo en la literatura gauchesca sino también en el retrato histórico y sociológico del mismo[2]. Bien lo señala Jorge Luis Borges en el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius donde hablando de civilizaciones imaginadas comenta, como al pasar: “…ya en las memorias un pasado ficticio ocupa el sitio de otro, del que nada sabemos con certidumbre -ni siquiera que es falso.[3]

Hauntología de lo gauchesco, ya sea a través de la voz de un poeta  que recita desde una cinta analógica, o el espíritu de la milonga atravesando los barrios constituyentes de una ciudad en donde se despliega geométricamente la estética del frío. Hay algo más – apunta Rubira – y es el concepto (y la cuerda emocional) que Ramil despliega en el último Cd analizado en el libro: Longes. La lejanía, en tiempo y espacio, del creador, del artista que asume la separación del mundo (saudade del corazón y de la idea, cita Rubira al Grande Sertão: Veredas de Guimarães Rosa). “Sendo a vida fluxo, nehuma fórmula pode ser retornada, nem a do pasado de um povo, nem a de uma fase da vida, ou, no caso específico, nem o período de uma criação artística.”(Rubira, Luis; 2017:234). Al igual que Vitor Ramil en Longes, Luis Rubira se encarga en ese capítulo de condensar estéticas, programas, imágenes, sonoridades y horizontes semánticos del track list del disco en relación al trabajo de minuciosa arquelogía realizado con todo el corpus de la obra del autor gaúcho. Crisis y creación, singularidad atravesada por lenguas diversas y la búsqueda de intuir la inefable identidad que cuando es dicha, deja de ser. La palabra dicha, que al pronunciarse se esfuma y que da lugar a las que quedaron por decir.

Nascer leva tempo es un libro ineludible no sólo para comprender el proceso y los conceptos que van articulando una obra de autor (la de Vitor Ramil, en este caso) sino también para reconocer las formas dinámicas que van tomando las identidades platinas en su permanente reformulación y expresión. Arqueología, genealogía, cartografía y hauntología son algunos de los campos que Luis Rubira transita – y utiliza – con solidez y sapiencia cual gaucho rastreador (una suerte Calíbar sulino).

Café Azar,

16 de septiembre de 2018,

en Posadas, Misiones, RA. –

[1] Rubira, Luis; Vitor Ramil. Nascer leva tempo; Publicatto Editora, Porto Alegre; 2017

[2] Ezequiel Martinez Estrada, Muerte y transfiguración del Martín Fierro/1; Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1983. –

[3] Jorges Luis Borges, Tlön, Uqbar, Orbis Tertius; Pp 33 en Obras Completas, Editorial Sudamericana S. A. Uruguay, 2011. –

[i] Prof. Dr. Luís Eduardo Rubira possui graduação em Filosofia pela Universidade Federal de Pelotas (1995), mestrado em Filosofia pela Pontifícia Universidade Católica do Rio Grande do Sul (2000), doutorado em Filosofia na Universidade de São Paulo (2009), com estágio de estudos na Université de Reims Champagne-Ardenne/França (2007-2008) e pós-doutorado em Filosofia pela Université de Reims Champagne-Ardenne (2014-2015). É Professor Adjunto de Filosofia na Universidade Federal de Pelotas (UFPel), membro do Grupo de Estudos Nietzsche (GEN), do GT-Nietzsche da ANPOF, do Groupe International de Recherches sur Nietzsche (GIRN) e Editor Associado da Revista Dissertatio. Atua na área de Filosofia, com ênfase em Ética e História da Filosofia Moderna e Contemporânea. Suas linhas de Pesquisa são Nietzsche e Filosofia Política Contemporânea. Tem como foco os seguintes temas: moral, tempo, valores, transvaloração, eterno retorno.

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Acerca de cafeazar

Licenciado en Antropología Social recibido en la Universidad Nacional de Misiones. Pertenezco, por causas y azares, a la fauna radial. Animal de radio como conductor y oyente. Suelo transitar en imágenes y escrituras los enrevesados – y a veces contradictorios - caminos de la música, la literatura y el arte popular. No dejo de pensar – a la manera Neil Young - en que es mejor quemarse, que apagarse y que siempre hay más en la imagen de lo que se ve a simple vista. Estoy convencido que el arte es inefable, moviliza y transforma. Ver todas las entradas de cafeazar

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