Pausa (para encontrarnos)

Es tu cuerpo, el mío, encerrado en imágenes.

Atrapado en la mirada fría y distante de quienes levantan pulgares y odian sin filtro.

Palpitan los bits, parpadean cegados de neón.

Tu mente – la mía – se adormece y flota confundida.

Perdida, en espejos que deforman sus reflejos.

Tu cuerpo retratado al infinito en historias efímeras.

Rostros radiantes transpiran sueños, angustias y alegrías.

Ya no.

Canción (estrofa):

Dedos que tocan la pantalla fría,

ojos que brillan opacos.

Cuerpos sin contacto,

Inmóviles, ahogados, en vida.

Perdiste – perdí – la magia que eriza tu piel sin un porqué.

Desconsolados, los cuerpos en sequía.

Vamos tras aquello que humedecía nuestros ojos, nuestro sexo, nuestra boca.

Encerrados brillamos – iridiscentes y velados  – en las pantallas.

Vos. Yo. Nosotros.

Así vamos – sin sentir –  soles y lluvias.

Despojados de orgasmos y sensibles oasis donde encontrarnos.

Canción (estrofa):

En un desierto de caricias

Lejos del goce y el temblor

Nos perdimos en el fulgor

Expulsados de las delicias.

¡Esperá! (Un poquito más)   

Te propongo desconectar la adrenalina virtual.

Empezar a vivir, sin pensar, nuestro mundo imaginario.

Los portales de la mente, los colores personales.

El deseo hecho sangre, músculo y fantasía.

Que lo táctil sea la piel, o el aire, o todo aquello que tiemble, se mueva, se queme al contacto. Gozo presente y eterno gozarnos.

Descubrirte, desnudarte, en el instante.

Acoger el dolor y fluir en la alegría.

Canción (estribillo):

Una pausa, 

encontramos,

sin pensar, sentir,

suave la piel rozar,

fluir en las varias

formas del gozar.

Vivir es sentir,

amor y dolor

Camino sin rumbo

Besos sin (un) fin.

Ser personas en las infinitas maneras de serlo.

Abrazarte, abrazarnos, respirar, encontrarnos.

¡Y publicarlo!

(Cuadro de situación: en diciembre de 2021, Laura Romero, directora del Ballet Folklórico Municipal de la ciudad de Posadas, me sugirió que escriba un texto sobre la proliferación de relaciones virtuales después de dos años de pandemia. La idea era crear un texto que sirviera de referencia conceptual y poética para el desarrollo de una coreografía que presentaría el mencionado ballet. A principios de este año se empezó a trabajar en el proyecto con un equipo integrado por Osvaldo de la Fuente (músico), Tiki Vangeli (coreógrafo), Gerardo Díaz (coreógrafo) y Laura Romero (directora general del Ballet). El miércoles 24 se presentó Pausa en el Teatro Lírico del Parque del Conocimiento. Hoy – día internacional de la danza – quiero compartir el texto «original» (las comillas dan cuenta de las múltiples correcciones), algunas fotos de la presentación y la música grabada por el maestro Osvaldo de la Fuente. Quiero agradecer a Laura Romero, Gerardo Díaz, Tiki Vangeli, Osvaldo de la Fuente y a todes les bailarines del Ballet por dejarme ser parte de esta maravillosa propuesta estétética poética y musical que es Pausa).

Bailarines:

Matias Acevedo
Iván Gimenez
Bruno Villagra
Exequiel Delgado
Héctor Mantulak
Ariel Rodríguez
Nahuel Antúnez
Germán Stupka
Orlando Vilca
Alejandro Galeano
Catriel Ocampo

Karen Báez
Milena Báez
Emilia López
Fiorella Rolón
Narela Fernández
Anahi Osorio
Micaela Sandoval
Micaela Araujo
Gabriela Vega
Evelin Maman Orfali
Priscila Marcenaro

Coreografía:
Tiki Vangeli

Vestuarios y producción:

Norma Ramirez
Hugo Viera De Amaral
Lucas Carnero

Iluminación:

Carlos Blanco

Música
Osvaldo de la Fuente

Café Azar

29 de abril de 2022

en el día internacional de la danza

Posadas, Misiones, RA.-


“Chica ¿qué dices?”: Rosalía, una motomami

Advertencia inicial: este texto no hubiera sido pensado y escrito sin la entrevista a  Rosalía  y análisis de Motomami que publicara Jaime Altozano en YouTube, los análisis de José M y Julieta Wibel en la misma plataforma y la escucha en loop del disco Motomami desde que salió a la luz.

Motomami es una energía, una energía femenina y poderosa que contiene en su interior lo más duro y la fuerza creadora de la mujer. Rosalía, la cantaora catalana, surfea entre géneros, estéticas, homenajes y referencias en una obra conceptual en tiempos de fragmentos llamados singles que pululan en las  plataformas del streaming musical. El concepto es la transformación. Es la mariposa que en la imagen de portada  parece un grafitti escrito con sangre – o un labial corrido –  ya no sobre una pared, sino sobreimpreso sobre el cuerpo desnudo de Rosalía que se recorta sobre un fondo blanco. Las manos tapando el pubis – un tachón de birome sobre esta mano –  y los pezones, la cabeza cubierta con un casco y el nombre escrito debajo de los pechos con la misma lapicera que tacha la mano. En el muslo, un tatuaje: una liga. Body sign action (1970) es un tatuaje que se hiciera la artista feminista Valie Export rechazando los valores patriarcales que configuran lo femenino como pasivo. «Lo llevaba para decir algo así como ‘yo decido cuándo me sexualizo y cuándo no» dijo Rosalía a Pablo Motos el programa El Hormiguero.

Motomami es un álbum como los viejos larga duración de 33 rpm. Lo que en la industria discográfica comenzó como la suma de singles editados previamente por intérpretes y autores que – como apunta Dietrich Diederichsen en Psicodelia y ready-made (Adriana Hidalgo editora; CABA; 2018) – representaba el trabajo reciente de aquellos, terminó transformándose en un objeto aurático (a pesar de su producción masiva) que funda un nuevo género visual. No sólo eso, esa escultura minimalista negra que surgía del embalaje también tenía un desarrollo conceptual que estaba plasmado en el orden en el que estaban distribuidos los tracks. Si bien la forma de escuchar música grabada se ha modificado en los últimos años con la aparición de los nuevos soportes y plataformas de streaming (y previamente con los archivos de mp3 que circulaban en servicios de distribución ilegales) conformando escuchas parciales o muy específicas, Rosalía ha sabido mantener en sus tres álbumes el carácter conceptual de cada uno. Quiero decir: Motomami (2022), El mal querer (2018) y Los ángeles (2017) son obras musicales que – preferentemente – debieran ser escuchadas completas y en el orden en que se presenta la playlist. Cómo en los long play, poner la púa en el primer tema y dejar correr el disco.

Por eso, ahora, play a Saoko.

“- ¿Chica, que dices? Saoco, papi, saoco”. Se escucha al comienzo de la canción y un platillo de batería jazzera va marcando el compás. La voz se va deformando, se hace aniñada. Saoco es referencia y homenaje a Wisin y Daddy Yankee que además tendrán una respuesta en otro track. El beat pecusivo del reggaetón se suma un piano filtrado y distorsionado. En este tema – plantea Jaime Altozano –  están todos los recursos que van a ser utilizados en el álbum: drumns agresivos, filtros, voz desnuda, sin reverb ni armonías (aunque a veces filtrada y autotuneada), chops (cortes rítmicos de sonidos sampleados), la técnica del collage y la producción minimalista. La letra habla de la transformación, de los cambios, de esa metamorfosis ambulante que cantaba Raulzinho. Dice, en el coro: Yo soy muy mía, yo me transformo / Una mariposa, yo me transformo / Makeup de drag queen, yo me transformo / Lluvia de estrеlla’, yo me transformo / Pasá’ de vuelta, yo mе transformo / Como Sex Siren, yo me transformo / Me contradigo, yo me transformo / Soy to’a’ la’ cosa’, yo me transformo. Esa transformación permite combinar lenguajes, estéticas y poéticas. El espíritu de Monk parece iluminar el sólo de piano. Saoco es jazz, punk y reggaetón.

Candy, la de Rosalía, – no la de Plan B – es una balada sobre una relación que ya no es. Lo que era, aunque fuera, ya no es. La marca, Fendi; la música el reggaetón de Plan B. La voz en primer plano, un teclado filtrado. Una suerte de efecto bokeh que deja nítida la voz mientras que el sinte y el beat apoyan en forma espectral la canción.

La fama es una bachata cuyo ritmo está marcado por los chops de su voz. Un tema que reflexiona sobre la fama y el diablo que te susurra en tu mejor momento dice Will Smith que le dijo Denzel Washington. La participación de The Weeknd cantando en castellano con un autotune explícito y sutilmente desgarrador.

En Bulerías deja sentada su posición ante las críticas que ha recibido ante cada nueva propuesta. En el tema asume origen de cantaora flamenca como también sus influencias que provienen de otros mundos y otros lenguajes: “Que Dios bendiga a Pastori y Mercè / A la Lil’ Kim, a Tego y a M.I.A / A mi familia y a la libertad / Ay, quítate, quítate, quítate tú de en medio / Que tú sabes que yo te canto al siete por medio.” Deconstruyendo el sonido del palo de las bulerías, Rosalía deja en claro su apuesta al riesgo creativo.

Chiken Teriyaki es un reggaetón minimalista según la precisa definición de Jaime Altozano. Un divertimento para bailar, pero contrabandea postales de Nueva York y referencias – nuevamente – a la fama: “Y sí, la fama e’ una condena / Pero dime otra que te pague la cena / Me están tirando sombras como drag queen / Chula como Mike Dean.”

Hentai es una de las baladas más bella, sensual y poética de Motomami. Una progresión de acordes escritos por Pharrell Williams, una melodía potente y extraña y una letra sexual y simbólicamente brillante. Cómo en el animé porno, las líneas son explícitas sin serlo. Palabras como dibujos. Metáfora pura y cruda. Algo de humor y misticismo. De eso también se trata el sexo. “Te quiero ride como a mi bike / Hazme un tape modo Spike.” Spike Jonze, director de películas como ¿Quieres ser John Malcovich) (1999), El ladrón de orquídeas (2002), Donde viven los monstruos (2009) y Her (2013), además de videos musicales para Bjork, Sonic Youth , Bestie Boys y Kanny West entre otros. La canción rezuma esa extrañeza, esa tensión entre la melodía delicada, la letra explícita (y a veces irónica)  y los drumns de reggaetón que van apareciendo al final del tema. Lo épico. Tan bueno.

“Yo no soy y ni voy a ser tu bizcochito…” canta en Bizcochito. Y acá está la respuesta al tema Saoco de Wissin y Dady Yanquee. Una canción de empoderamiento, de conciencia y fiesta. Todo puede combinarse en el universo de Rosalía. El estribillo, pegadizo y feliz, se escuchará más de una vez en redes sociales y – porque no – en calles y festejos.

G3N15 es una balada nostálgica escrita en pandemia, dedicada a un sobrino preadolescente: Un órgano (¿Hammond?) filtrado sostiene la canción mientras la letra no repara en descripciones crudas del momento de soledad, aislamiento, distancia y otredad que está vivenciando. “Hay picos en los brazo’ / Picos en las estrellas / No quiero traerte / Pa’ que nunca vengas / Pico en las estrellas / Hay picos en los brazos / Se amarran cuando hay frío / Como yo te abrazo.” El tema termina con un audio de la abuela – en catalán – donde le dice que primero está dios, después la familia y que donde Rosalía esté, si está feliz, ella también lo estará. De fondo la música de un reloj antiguo.

Motomami, el tema, dura un minuto y un segundo. Suficiente para escribir una de las líneas de bolero más certera y contundente: “A cada copia que ves / Tú dale tu bendición / Y ya no quiero competir / Si no hay comparación.” Bolero total, energía femenina poderosa e implacable. Motomami. Motomami. Motomami.

Diablo es otra vuelta de tuerca sobre la fama y las exigencias de los primeros fans: Una voz aniñada dice que ya no es la que había conocido. En el verso, la voz de Rosalía responde: “De la noche a la mañana, no es que yo cambié / De la noche a la mañana, mi vida se me fue.”  En un juego propuesto al programa El Hormiguero, la cantante salió a la calle a preguntar sobre Motomami disfrazada. Una señora le dijo mirando la tapa del vinilo, y sobre sus uñas, “es de bruja”. Diablo retrata eso. El pacto con el demonio de la artista con la industria, un Fausto femenino que concede ante el mainstream. En una vieja entrevista, cuando Rosalía recién empezaba y estaba presentando Los Ángeles, dijo que su sueño era hacer buena música, que llegara a mucha gente. Y, además, cantar con James Blake. Aquí, en Diablo, el puente lo canta justamente él. Dice: este debe ser otro lado de mí, estás corriendo hacia la luz, es noche y día. Los logros y sus costos, la mirada que juzga de los demás. Ser el diablo (“no se ni quien eres”).

Delirio de grandeza es un bolero escrito por Carlos Querol y popularizado por el cantante cubano  Justo Betancourt. Sampleando, acelerando  y filtrando el acompañamiento orquestal original del tema,  la cantaora se pone el traje de las grandes cantoras de boleros y vuelve sobre la cuestión de la fama y sus delirios. Justamente es el tema que interviene entrelazándose y quedando como base: ‘Delirious’ de Soulja Boy.

CUUUUuuuuuute el décimo segundo tema de Motomami. Y es, en su estructura, pura libertad. Comienza con una enumeración cantada cuyo origen está relacionado a un artista de Tick Tock, You Tube e Instagram llamado @soytiet. Esto da pié a un samba frenético e industrial y bailable que en el puente se detiene en una melodía vaporosa. Mantener la elegancia y la belleza a pesar de que todo parezca derrumbarse.

Como un G es una balada de ambientes de confesión, ausencia y despedida. El piano va generando acordes mántricos en las manos de James Blake.  “Como un G de verdad, sin guardaespaldas voy por ahí (Jura’o, como un G) / Que yo mato, que yo mato y mato por ti (Jura’o, como un G) / Cantándote baladas por la madrugada / Quién me lo iba a decir (Jura’o, como un G)” 

Abcdefg.  Un abecedario, un mapa, una cartografía que configura el universo de Motomami.

La combi Versace con la participación de  Tokischa va sobre la marcas, las fake marcas, el barrio y la referenci a la salsa: “OG party con la Fania (Jerry Masucci) / Jangueando con salseros (Tito, Willie) / Bendicen toda’ mis canciones / Para que tú te enamores.” Las idas y vueltas de la noche y la fiesta en un reggaetón bailable y expansivo. La participación de Tokischa me remite a la polémica generada  cuando José (J. Balvin) publicó un video con un tema de autoría la cantante dominicana donde se reivindicaba el goce femenino desde cierta cosificación y animalidad. El goce y el deseo no saben del pensamiento políticamente correcto. Las cláusulas del pacto sexual entre adultos varían entre quienes las consienten. El perfil político de Motomami está claramente enrolado en la mujer que goza y se divierte sin importar los modos y las formas. Mejor, eligiendo los modos y las formas. Sin prejuicios ni mandatos.

Sakura (la flor del cerezo) cierra Motomami. Flor efímera como la vida de una popstar. Cómo la vida. “La que sabe, sabe / Que si estoy en esto es para romper / Y si me rompo con esto, pues me romperé / ¿Y qué? / Solo hay riesgo si hay algo que perder / Las llamas son bonitas porque no tienen orden / Y el fuego es bonito porque todo lo rompe.” El artista y su condición de precariedad ante el público. Los aplausos claramente envasados que se escuchan al inicio y final de la canción dan cuenta del simulacro que puede ser la fama. ”Flor de sakura / no me da pena, me da ternura.”  Reflexión final sobre todo ese mundo desplegado en cada una de las dieciséis canciones.

Transformación, motor (y deseo)  femenino son los conceptos que articulan Motomami. Otros temas como la fama, las relaciones perdidas, la distancia y el aislamiento se van colando en cada una de las canciones. Según Rosalía: “Para mí este disco es un diario personal, es honesto de principio a fin. Puedes ver muchas de mis referencias ahí. Hay muchas vivencias escritas ahí. Reflexiones sobre la transformación, la celebración, el desamor, la espiritualidad, la sexualidad. Dando cabida a todo eso. Todos esos temas puestos al mismo nivel.”

 La música de Motomami abreva del reggaetón, el flamenco, la salsa, el samba,  y el electro pop entremezclados con total libertad y creatividad. “La música siempre es una metáfora. Un significante abierto, un material invisible totalmente maleable” escribe Paul D. Miller en La ciencia del ritmo (Dobra Robota Editora; CABA; 2020). Más adelante agrega: “El sampling es una nueva forma de hacer algo que existe desde hace mucho tiempo: crear mediante objetos encontrados. La rotación se vuelve espesa. Las restricciones se debilitan. El mix se libera de las viejas asociaciones. Nuevos contextos se forman a partir de los antiguos contextos.”

La música es un lenguaje. A través de ella se pueden crear mundos de condición áurica. Estéticas y poéticas originales que abrevan de los sonidos que circulan en el mundo. Hacerlo requiere salir de las zonas de confort, de lo ya probado, y saltar a un abismo donde la incomprensión, la indiferencia y el reconocimiento son tan probables como efímeros. Cada paso dado por Rosalía ha sido – sin dudas – un salto creativo y arriesgado. El hecho de estar integrando el mainstream no ha cambiado, por lo que pudimos ver, su sensibilidad y su compromiso con el arte. Una motomami, sin dudas.

PD: Cuando te digan que el reggaetón no es música, o que no es creativo, sólo sonríe,  suelta tu risa y di como el Joker (mientras empieza a sonar “That`s life” en la voz de Frank Sinatra): “¡No lo entenderías!”

Café Azar

Abril de 2022

en Posadas, Misiones, RA, –


Atmósfera de los setenta y bossa nova en Posadas: Toquinho & Camilla Faustino

Espectro de los setenta

Comienza como un susurro (después estalla) . Voz e violão. Así fue la génesis de la bossa nova en los atiborrados departamentos de San Pablo y Río de Janeiro. Así también, Toquinho apareció mientras tocaba su guitarra hasta el centro del escenario del Auditorium Antonio Ruiz de Montoya en esta capital de provincia entre fronteras. Con el desparpajo y el aura de la atmosfera creativa de los años setenta, medio sigo después. En poco más de media hora parte de la cultura musical que revolucionó las estéticas rítmicas, melódicas y armónicas se materializó en un ritual único e irrepetible. Toquinho supo condensar el acervo de la canción y la música qué perfiló a Brasil a nivel internacional. Joyas que brillan en eterno presente con su frescura y sensibilidad.

Toquinho iluminado

En uno de los tantos vivos vía streaming durante la pandemia, Toquinho explicaba su concepción sobre la música y el surgimiento de la bossa nova. Según decía la música es un lenguaje universal y lo que  compositores e intérpretes crean puede ser leído e interpretado según las referencias estéticas que conforman una atmósfera. La sonoridad creada por João Gilberto alimentó a una gran cantidad de artistas que desarrollaron y desplegaron esa atmósfera. El ejemplo de esa afirmación – contaba afable Toquinho – era la canción “Como dizia o poeta” compuesta sobre un adagio de Tomaso Albinoni con letra de Vinicius de Moraes y música de Toquinho.  Esa atmósfera, una noche de 2022, se respiró en un escenario posadeño.

Cuerdas que vibran, nirvana personal

Primero como solista desplegando su cadencia y su charme, dibujando fraseos íntimos con la voz que murmura melodías delicadas y ese toque que hace que cuando las cuerdas de la guitarra comienzan a vibrar, parecen – en su sonoridad – tener la firma de Toquinho.  Después la voz de Camilla Faustino, que antes de pisar el escenario, se la escucha cantando Se todos fossem iguais a você, aquella canción que formó parte de los registros históricos de La Fusa en Argentina. En la tradición de las grandes cantoras brasileras, la intérprete de Goiana, se inscribe con marcada personalidad y exquisita musicalidad.

Camilla Faustino & Toquinho: Gracias a la vida

La lista de temas – que caían como misiles cargados de emoción – se centró en el núcleo duro de la bossa nova. Vinicius de Moraes, Tom Jobim, Baden Powel y – por supuesto – João Gilberto (después el silencio, como bien apuntó Caetano Veloso). Por fuera de la bossa nova, el homenaje a Humberto Teixeira y Luiz Gonzaga  con una versión instrumental de Asa Branca. “Brasil tiene tantas músicas y paisajes que a veces me siento un turista, dijo Toquinho, antes de presentar esta canción de mediados de los años cuarenta sobre la vida en el sertão. La mención a Chico Buarque, parceiro y amigo de años con el que supieron componer el Samba para Vinicius: “Que a vida não gosta de esperar / A vida é pra valer, / A vida é pra levar, / Vinícius, velho, saravá.” También hubo un tiempo para linkear con la música argentina y latinoamericana. Carlos Gardel (El día que me quieras)l y Violeta Parra (Gracias a la vida en una comprometida y desgarrada versión en la voz de Camilla Faustino).

Camilla Faustino & Toquinho: «Não quero mais esse negócio / De você viver assim.»

Mi sensación al escuchar esas canciones fue la de estar respirando una atmósfera que trascendía la bossa nova y se expandía a las reverberaciones que en el aire se vivían en la década del setenta. De La Fusa al sello Trova, del Centro Editor de América Latina al Bar La Paz, al mundo dado vuelta, cuestionado por una juventud arrasadora. Los discos en el Winco, Quilapayún y Santa María de Iquique, Huerque Mapu y Daniel Vigletti. Ese portal se abrió más allá de los posicionamientos políticos que con el tiempo el mismo Toquinho fue asumiendo. Si  los sesenta fueron los años de la expansión de la conciencia, los setenta fueron los del compromiso vital, los de patria o muerte, los de la teología de la liberación y la opción por los pobres y la lucha cuerpo a cuerpo con el poder.

Camilla Faustino & Toquinho

Parte de esa atmósfera espectral, durante  una hora y media, se respiró y vivió en  aquellas melodías, cadencias y poéticas en las cuales la belleza desafiaba un mundo que había que transformar. El futuro, como decía el cantor: «Não tem tempo, nem piedade / Nem tem hora de chegar

Y eso parecía estar al alcance de la mano, de un fusil, de una palabra.

Café Azar

24 de marzo de 2022

Día de la Memoria , la Verdad y la Justicia

Posadas, Misiones, RA: –


Ramón Ayala: viaje psico, testimonial y vegetal

Noventa y cinco años cumple el maestro (hoy, diez de marzo del año dos mil veintidós). Su aura brilla cada vez que cada una de sus canciones, sus pinturas o su poesía sale a la luz. Vuelven a sonar, a iluminar, a señalar el sendero del paisaje de la psicodelia abismal e inasible. Sobre Ramón Ayala, el Mensú, estoy tanteando estas palabras. Con su aniversario aparece en las plataformas de streaming musical su primer álbum: Viaje vegetal. Grabado en el año sesenta y tres, nueve canciones y un arte de tapa tan personal como maravilloso. Paisajes íntimos de fina factura y sensible devenir. Psicodelia local, alucinaciones de impecable precisión y explosivas metáforas que aturden de belleza lacerante y asombrosas fractales de diminuta y trabajada exactitud.

El año pasado, ya lo había hecho. Un diez de marzo había publicado en las plataformas: Monte Adentro. Grabaciones encontradas del catálogo de Music Hall recuperados por el Instituto Nacional de la Música (INAMU). Entre las catorce canciones que componen esa obra hay tesoros que estuvieron escondidos mucho tiempo. Una canción compuesta en parcería con Gilberto Monteiro : Para ti Guría (en donde suena el sabio bandoneón de Chaloy Jara). Panamby Hovy  (“Panambí Jovhé / Revevé rejhovo / Que volando vas / En mi corazón / Milagro de luz.”). Un retrato crudo, melancólico y espectral de la guerra, los fantasmas que habitan en una casa junto al río.

“Casa enclavada en el tiempo / con ruidos de otras eras / cuál si por sus muros fuera el destino. / Tu imagen en los añares / trae las voces perdidas / con rostros de extrañas vidas, en delirio. / Mujeres, niños, abuelos / que partieron, que no existen / y regresan por tus lindes / con sus gritos.” (La casona y el río, Ramón Ayala)

También forma parte de ese material la primera grabación de la canción registrada como  El Gualambao, un registro de mil novecientos cincuenta y nueve, y  Cocoriché (“Voy vestido de oro y plumas / en mi ser canta la flor / soy marrón como el silencio / con palabras de ilusión.”).

Viaje vegetal – publicado hoy en las plataformas digitales – comienza con La vertiente. “Solita, en la penumbra verde del monte, libra sus pájaros de espuma, la vertiente.”. Sólo esta frase, a la manera de  un creativo e iluminado fake haiku, da lugar a la guitarra que describe y relata un paisaje de selva y agua que brota desparramando brillos y reflejos que brotan de la profundidad de una tierra salvaje.

Después los trabajadores que dan la vida, la sangre y la palabra en un tiempo de explotación y sacrificio. El hachero, El Cachapecero, El jangadero y El Cosechero. Cuatro canciones que retratan al hombre que se debate entre la inmolación, la resignación, la magra esperanza y el desafío.

El túnel verde del monte llevando el cachapé de ruedas grandes, el Jangadero como una rara flor del agua, río abajo y el cosechero del algodón perdido Chaco adentro, crecieron en mí, con la necesidad de realizar este primer disco, este canto redondo al litoral, a sus caminos de tierra colorada, a sus hombres anónimos con los que he compartido horas, tomando sus imágenes y sueños en la canción a la pintura, a la sinuosa anaconda del Paraná llena de ranchos ribereños, pescadores y guricitos, piernitas chorreadas y ojos profundos. Para ellos, para la gente simple de mi tierra, pero llena de luz, va este homenaje de “guitarra y cantoescribió Ramón Ayala para presentar esta remasterización de su ópera prima.

Hachero “no olvides que el árbol pudiera llorar / la tierra de hoy, tu sangre te da” dice en la canción El hachero con letra de Soledda Legar y letra de Ramón Ayala. Después, unos arpegios ominosos reverberan para el relato de un viaje final: “Y va encendiendo la floresta el chicotazo al estallar / Y es una música doliente por la agreste soledad / Camino y carro van marchando y al rodar van despertando / En el hombre todo un mundo de ilusión.”  Flota, la música flota, y las palabras van relatando – en inspirada melodía – la travesía arriesgada del jangadero. “La marea prende en los juncos / un grito de espuma, cuando el río brama violento / como un viejo puma / y es el jangadero una sombra / perdido en la bruma.” Un rasguido doble va meciéndose contando y cantado la esperanza golondrina del cosechero,  “Un ranchito borracho de sueños y amor quiero yo.” La esperanza que alimenta el sacrificio de los trabajadores de la tierra es el horizonte hacia donde van, golpeados, maltratados, envueltos y visibilizados  en una justicia poética los personajes de las canciones de Ramón Ayala. Ellos son como Adán García de Rubén Blades, Hattie Carroll de Bob Dylan y Homero de Pity Álvarez, espectros que denuncian la crueldad de un sistema y ejercen su compromiso vital con la integridad.

Después, Ramón, nos cuenta la historia de Irupé. Vieja leyenda de origen Mbya, Muchacha enamorada de la luna vio su reflejo en el río, y este – tal vez –  enamorado de ella se la llevó. “Y en su lecho de barro, / peces de plata, / con brazos de agua la acariciaban / mientras la muerte los acechaba” canta el trovador  sobre la novia vegetal.

El gualambao viene a marcar el origen, el lugar desde donde se inicia el viaje sideral del verde misionero. Trae la canción y la poética de ese paisaje alucinado de brumas, reflejos y embrujos que flotan inasibles y sutiles en el aire. “Soy de la selva virgen / vengo de la frontera / zumo de los naranjos / mojados de sueños / traigo para ti.

En El Moncho la palabra es en primera persona. A la manera del gran Mario Millán Medina se escucha la voz del hombre correntino. Sus formas, sus modos de decir. Ramón Ayala en coautoría con el músico de Villarrica – Paraguay – Prudencio Giménez escribieron este arraigado chamamé. Clasico en el repertorio de Don Ernesto Montiel. Ramón lo envuelve de guitarras que con su cadencia van marcando el rítmo y la melodía chamamecera que se conjuga con el fraseo cantor,

Cierra este viaje vegetal otro homenaje al trabajador de la selva profunda. Música de ese mágico melodista como lo fue Vicente Cidade y letra, iluminada, de Ramón Ayala. Canto al hombre que dio – y da  – su vida poniendo su cuerpo en la explotación extractivista de la planta de la yerba. Naturaleza y hombres violentados por fines de acumulación. “Rumbeando pa San Ignacio, / toda vestida de yerba / vi pasar a la galopa / con un dolor en la boca, / ensangrentada de tierra…”  recita Ramón aunando el testimonio y el género. Y otra vez, la esperanza: “¡Neike! ¡Neike! / El grito del capanga va resonando. / ¡Neike! ¡Neike! / Fantasma de la noche que no acabó. / Noche mala que camina hacia el alba de la esperanza, / día bueno que forjarán los hombres de corazón.” Una noche, la de la explotación del trabajador, que no termina aún en el utópico amanecer.

La canción popular, sus creadores, siguen siendo quienes rasgan el velo que oculta las formas y las maneras de la desigualdad. Sus poetas, sus músicos, saben de la riqueza de los lenguajes, que el poder es literal y la resistencia, poética. Como las brujas en el medioevo, como los chamanes y sus medicinas ancestrales, como los alquimistas impredecibles y alucinados los artistas crean las canciones – apuntan – y abren nuevos sentidos.

Vaya esta reseña como un feliz cumpleaños y un sentido agradecimiento.

Café Azar

10 de marzo de 2022

Posadas, Misiones, RA. –


Sobre Moris

En enero del 81 (hace 41 años) decidí dejar el barrio de la infancia y la adolescencia para venir a Posadas. Tenía 18 años. Hacia el fin de ese mes tomé el tren que me traía a este lugar desde donde hoy escribo estas líneas. Preparé una muda con unas pocas ropas, algunos libros (una compilación de poemas de Raúl González Tuñón) y tres cassettes. Uno de música uruguaya: Alberto Wolf, Darnauchans, Jorge Lazaroff entre los que recuerdo. Otro con un recital de Almendra en Montevideo que habían pasado por una radio uruguaya y lo había grabado durante unas vacaciones familiares. Y uno, de sesenta minutos, con 30 minutos de vida de un lado y Ciudad de guitarras callejeras del otro, los dos primeros discos de Moris. Comprimidos, claro. Un puñado de canciones que trascendían y trascienden el formato canción como para quedarse tatuadas en mi memoria emocional. El fraseo, las letras y el sonido crudo, urgente y salvajemente poético. Algunas de esas canciones: Ayer nomás, Esto va para atrás, En una tarde de sol y la premonitoria y actual Escúchame entre el ruido. En el segundo disco: Mi querido amigo Pipo, Muchacho del taller y la oficina (sin dudas nuestra Desolation Row) y De aquí, ¿A dónde iré? Una debilidad personal es Te tocarán el timbre. La asocio al mundo beat y yonqui (el de Jack Kerouac y Allen Ginsberg, mucho antes de Bukowski) y que en estos tiempos de pobreza metafórica y lecturas literales seguramente sería cancelada. Se escuchaban en esas grabaciones, hechas con el micrófono del radiograbador Ranser ante los parlantitos del Winco, los ladridos de Trixi, la perra salchicha que formó parte de la familia durante muchos años.


En esa época, antes de viajar, había conseguido Fiebre de vivir, el disco grabado en España. Con los amigos hacíamos lo imposible para conseguir escuchar el Rock del portal, tema que la dictadura argentina había censurado en la edición argentina. Un tema de sexo puro y duro con gemidos incluidos al final (al acabar, mejor dicho). Alli había canciones potentes, el rock primal de Carl Perkins o rocanroles en formato raw que – junto a Tequila – le abrieron paso a Moris en los escenarios hispanos. El porteño exiliado que se detuvo a describir Madrid y ver la ciudad sin fin para en un nocturno de princesa decir: “Y escribo y describo lo que voy mirando / los Beatles ya viejos mirando a la gente / mil flores de plástico, un disco fantástico / Drácula que mira a King Kong con ira / y el Che Guevara gira que te gira.”


Por eso cuando Augusto González Polo me mandó el link con el documental y el registro del Homenaje realizado en el CCK a Moris con (y por) Antonio Birabent más la participación de Ricardo Mollo y Litto Nebbia no pude contener mi emoción, apenas disimulada con unos stickers de agradecimiento. De sólo pensar que el realizador cuya mirada nunca deja de sorprenderme por su poética y sutileza aúrica había tomado las riendas de contar y plasmar en imágenes el universo creativo de Antonio y Moris movilizó mis expectativas más profundas. Con lágrimas en los ojos vi el documental y el show y pensé (y sentí) que existe – y es posible – una justicia artística.


Cómo tantas veces: a Moris, a Antonio, a Ricardo, a Litto, a Augusto. ¡Gracias!

Café Azar

con el ventilador a full a mediados de un enero posadeño,

Misiones, RA ._


Reverberaciones

Poética y música de Gastón Nakazato

Las cosas, las personas, todos los mundos reverberan. A veces en forma imperceptible, otras de manera evidente. Gastón Nakazato es un artista que sabe captar esa reverberación y hacerla canción. Sonoridades sutiles, melodías muy personales, palabras atrapadas en el aire antes que desaparezcan. Esa voz y esos acordes que vibrando flotan resistiendo lo efímero.


Acompañado por (y dialogando con) Cacho Bernal (en batería y percusión), Marcos Duarte (en bajo eléctrico) y Chungo Roy (en teclados), y la partcipación especial de la cantante Gaby Faviero, Gastón Nakazato presentó algunas canciones inéditas en la peña Misionero y Guaraní la noche de anoche. Canciones de bella factura y poética resolución. Alguna fue parte de una obra de teatro, otra surgió como un homenaje a un difusor de la música del litoral de la zona de centro de Misiones, otra tiene que ver con el testimonio y el compromiso ante la degradación de los ríos y la tierra. En esa búsqueda – Gastón – retoma las reverberaciones de la música regional (el chamamé, el rasguido doble, entre otras formas) y las incorpora a su particular vocación melódica y armónica.


Con las canciones inéditas volvieron otras guardadas en la discografía de Gastón. Una zamba de hiriente e inspirada belleza, como lo es Ausente, o la que tuvo origen en las palabras (en la sonoridad de cómo fueron dichas) del gran Ramón «el Mensú» Ayala, y también aquella cuya epifanía surgió investigando nuevas afinaciones a partir de la escucha de Eduardo Mateo. Clásicas y maravillosas formas de poetizar el arte de la canción.

Agradecido de verlo a Gastón nuevamente en el ruedo, en los escenarios, poniendo el cuerpo a su aura creadora. El mundo – desagradable de por sí – se hace más respirable cuando suenan esas armonías de belleza desnuda y fina sensibilidad.

Café Azar

18 de diciembre de 2021

Posadas, Misiones, RA, –


Summa de lo imprevisto

Ph: Café Azar

Si fuera un conjunto de cosas que reúnen un saber, una realidad, en este caso las realidades son varias, Y el conjunto se adivina en la intersección.  La suma, tampoco es totalidad, es una red que se piensa en términos de conjunciones y escapa – rebelde- al carácter homogeneizador de las conexiones. En tiempos de expansión de lo mismo (cuyo dios responde al nombre de algoritmo), Carlos Piégari va relacionando historias, personajes y temporalidades en otro objeto literario no identificado. O mejor, que niega su identidad a los policías de los géneros.

Un fantasma recorre el mundo. No es un espectro de ideas solidarias – con cierta tendencia al relato único y evolucionista – que atentan contra la propiedad privada y el crecimiento de las naciones. Es un rumor, un sonido, una reverberación de memorias y amnesias que surge del roce, ya no de la bambula (aunque también podría ser), sino del movimiento que – en el mundo natural – producen las intersecciones y sustituciones.

Un baúl, una caja negra, que contiene las memorias y las historias de personajes y situaciones que en permanente tornaviaje atraviesan la Suma Baiulus de Carlos Piegari. Apenas empezado el libro fue que me encontré con esa palabra: Tornaviaje. Busqué (en Google, sino donde) su significado y algún origen del término. Dos acepciones surgen de inmediato. Una: volver de un viaje. Dos: objeto que se trae al volver de un viaje. El origen, los relatos del origen traen los nombres de Miguel López de Legazpi y Andrés de Urdaneta y la ruta del Galeón de Manila. Por esa ruta se traficaban las mercancías que llegaban desde Filipinas a Europa. Una ruta de regreso con objetos para el mercado europeo.

En 1934, Cole Porter (el compositor, no el contrabandista de arte) escuchó una polka lenta, escuchó que los nativos la llamaban Beguine y, así compuso Beguine to beguine. La mercancía, en este caso, fue una canción. Una canción que hablaba del género en su título (nada que ver con Volver a empezar de Julio, claro). Cómo escribe Carlos: “Los saqueos, las extorsiones y los rescates obligaron a las cosas a viajar. El robo es una transferencia involuntaria de algo que se llama de tal o cual manera y va de aquí para allá.” No sólo se trata del tránsito de cosas, también de ritmos, sonoridades. Una mercancía, no necesariamente es una cosa. Y eso lo sabe tanto Cole Porter (retornando con el corset de Frida Kahlo) como Kolo de Portella y las falsas placas de madera del oriente antiguo.

Operando a lo Macedonio o Jorge Luis (Dargelos y Bowie también lo hacen) hay un libro, un estudio, un ensayo que articula (en fragmentos) la Summa Baiulus. Se trata de la obra de Ubaldo Grassi-Shoutters “El poder de las intersecciones y sustituciones. La memoria gravitatoria del espanto.” Carlos Piégari desarrolló esta idea en artículo publicado en la revista Tusitala en abril de 2020.

“Los sujetos y objetos en tránsito perpetuo emulan ser señales electromagnéticas con dos ejes, uno horizontal: tiempo y otro vertical reconocido como frecuencia. La confluencia de ambos podríamos considerarla una onda. El eje horizontal avanza en el espacio creando Historia y el vertical oscila y tiembla generando, con una misma periodicidad, vibraciones graves y agudas, paisajes acústicos, Espacio.

Historia y espacio. Particularmente agregaría que estamos de hablando de diacronía y sincronía, de metonimia y metáfora. Es decir, figuras retóricas que conforman la estructura de la lengua y de un texto. La sustitución opera en el mismo campo semántico mientras que la intersección combina planos y campos. Se devela así el mecanismo narrativo que ordena la Summa Baiulus. Estructura de todo texto, vale decir. Injustamente olvidado – o incómodamente escondido en los ámbitos académicos de las ciencias sociales en la actualidad – Claude Lévi-Strauss se hizo una panzada teórica conceptual con la encrucijada de tiempo y espacio, metáfora y metonimia. De la lengua y las temporalidades.

Sin embargo, cuando uno va leyendo sus páginas se encuentra que lo que cuenta Carlos Piégari va encadenando, en un despliegue narrativo de apariencia caótico estas intersecciones y sustituciones. Nombres propios, personajes de ficción, situaciones paradójicas van delineando la perspectiva rizomática del artefacto.

Lo imprevisto (de las intersecciones y sustituciones), en Summa Baiulus,  tiene que ver con la obra de compositores de alta productividad melódica. Cole Porter (el contrabandista de arte, no el compositor) canturrea una canción (Kolo de Portella, en principio  silbaba). La canción fue compuesta por Paul MacCartney, aunque estuvo firmada por Lennon y MacCartney. John, George y Ringo les parecía una canción horrible, sin embargo Paul insistió y terminó en el tercer lugar del lado A de Abbey Road (entre Something de Harrison y Oh! Darling del mismo MacCartney). Maxwell’s Silver Hammer es una canción que combina una amable melodía pop con una historia sangrienta y amarga. Lo imprevisto puede ser un tipo (llamado Maxwell) con un martillo de plata que destroza cabezas porque si, de la nada. Así se manifiesta lo impensado, aquello indecible. Metáfora brillante sobre los cambios de dirección que – sorpesivamente – toman ciertas situaciones. El fuego (“lo que fuerte golpea” según interpretóó Teodora Justiniana) voraz y vertiginoso que quema las falsas tablas de oriente y un boliche de rock con nombre que refiere a los primeros humanos modernos. El martillo de plata que cae sobre nos. El fuego en Summa Baiulus es como la lluvia en la cinematografía de Kurosawa.

Para finalizar una historia más, que bien podría haber estado en la Summa Baiulus. Bob Dylan, en una entrevista allá por el año 2012, le muestra al periodista de la Rolling Stones, un libro escrito por Keith y Kent Zimmeman sobre Los Ángeles del Infierno. Aquellos motoqueros que formaron parte de la cultura rock de los sesenta y que se cargaron un tipo el show de los Rolling Stones. En el libro – leído en voz alta por el periodista – se contaba lo siguiente. En el año 1964, Bobby Zimmerman, uno de los líderes de Los ángeles del infierno volvía – adelante y a la izquierda de la formación (como siempre) – del viaje a Bass Lake. El caño de escape de su moto se desprendió y cuando quiso recuperarlo, dando una vuelta de 180 grados, Jack Egan que venía desde atrás arremetió contra Bob que perdió la vida en ese instante. Dos años después, Bob Dylan tuvo un misterioso percance con su moto que lo sacó dos años de los escenarios. Después de la lectura, Dylan definió estos hechos como un fenómeno de transfiguración. “La transfiguración es lo que te permite escapar del caos y sobrevolarlo.” Dijo. Agregó sobre las referencias cruzadas: la repetición del apellido Zimmerman: los autores del libro sobre los Hell’s Angels, motoquero muerto y el propio Bob; la moto; el siniestro. En fin.  Si bien las fechas no coinciden, el relato se instala contundente (y con evasivas) ante el periodista que no logra articular lo que está escuchando. Una sustitución más inscripta en el baúl del torna viaje.

Siguiendo con Dylan, Todd Haynes estrena en 2007: I’m Not There. En el afiche se ve una silueta del premio nobel de literatura y – sobreimpreso – el nombre de las actrices y actores que participan de la película. Al final de la lista, se lee: “todos son Bob Dylan”. Cada interpretación es un Bob Dylan distinto. Todas ellas configuran el personaje construido, además, por múltiples miradas.

Escribe Piégari:

“- La presencia es el instante – respondí – un momento, una suma de ahoras, dialéctica del eterno presente, paralelismo de todas las cosas y seres que fueron ayer, existen hoy y se acercarán mañana.”

Imagino un afiche con una silueta de barba, anteojos y melena (algo rala), los nombres de los personajes de Summa Baiulus sobreimpresos en la silueta y – debajo – un texto que diga: Todos son…

Café Azar

Reescrito y corregido, después de ser parcialmente leído

en la presentación de Summa Baiulus,

en la librería Tras los pasos (Posadas)

el jueves 25 de noviembre de 2021.-


Piel de Polaroid

PH: Seres Azules

La ansiedad de una niña por ver al instante las fotos que sacaba y la pericia – y dedicación – de su padre, un sabio que conocía y experimentaba sobre la interacción de la luz con la materia, dieron al mundo la cámara Polaroid. No sólo fue una cuestión de inventiva tecnológica sino también una estética, una paleta de colores, una porosidad en la imagen que hicieron de esas fotos algo inconfundible. El aura de la Polaroid.


Sobre ese soporte – y ese formato – Seres Azules propone Habitar la piel. Una serie de fotografías Polaroid que retratan desnudos en situaciones y con objetos que se encuentran en el intersticio de lo cotidiano y lo extra-ordinario. Breves secuencias, algunas unitarias, nos permiten ver un mundo de cuerpos y escenarios levemente corridos de lo socialmente naturalizado. La piel habita en el fotograma poroso del instante. Captado – y mirado – con cierta distancia. Una amable objetividad que no deja de verse perteneciendo a ese universo.

PH: Seres Azules


Seres Azules navega en aguas diversas. Sabe manipular los lenguajes de las disciplinas artísticas para ponerlos a su servicio, al servicio de los conceptos que iluminan su obra. La técnica es sólo instrumento. El peso está puesto en el – o los – mensaje(s). Allí está el núcleo duro de sus expresiones.


Si tuviera que pensar en alguna genealogía que alimentara la experiencia de Habitar la piel mencionaría a Robert Frank y su serie “Painkiller” originada en los años setenta y a Nan Goldin con su “The Ballad of Sexual Dependency” retratando el desmoronamiento de los años ochenta. En ese campo, en ese universo las fotografías de Seres Azules habitan, interactúan y se diferencian.

PH: Seres Azules


La locura cotidiana y ordinaria se plasma en cuerpos desnudos, no erotizados, tampoco naturalizados. Flasheo es el concepto, como se dice y se lee en artistas emergentes. La serie, nacida en el año dos mil dieciocho, tuvo su impulso en el desmoronamiento del entorno personal y – según consigna en @seres_azules – la necesidad de imprimir lo que se diluye en la piel. Impresión de sutiles, vagos e inasibles límites según percibo e interpreto. La incomodidad de lo siniestro, de aquello que por cotidiano se altera, se corroe, se corrompe dando luz al goce estético.

PH: Seres Azules


La piel como lo más cercano y lo más lejano, los unos o los otros que somos, la rutina y la aventura, el hogar y la intemperie sin horizontes. Las Polaroids emanan cercanía afectiva y distancia en el mirar. La calidez de los colores saturados, la forma difusa de recortar los cuerpos y los objetos, la mágica luz que se distribuye en el papel. Porosas, como la piel que habitan.

Café Azar

Un par de días de mayo

en Posadas, Misiones,

RA:-


De Fantasma, comedia y género

Sobre Fantasma vuelve al pueblo de Augusto González Polo (2021)

Fantasma. Una de Fantasma. De pueblos fantasmas. ¡Ay, los géneros tan en retirada! Fantasma vuelve y es un espectro que se cuela entre los tiempos de su adolescencia, sus amigos, sus amores y los paisajes que desconoce y lo desconocen. Está y no está (tal la característica de los espectros). Vuelve en días de resaca, días de cierto salvajismo encubierto en el marketing de una espiritualidad vacía. En estas tierras, días de calor, del sol martillando la cabeza llena de burbujas y comilonas. Justo en ese tiempo, Fantasma, ya con cuarenta años sobre el hombro y habiendo dejado sueños y horizontes, decide volver a su pueblo natal y – por supuesto – las cosas han cambiado. Ya la inocencia de las relaciones afectivas se diluyó en la economía de una brutalidad desgarradora donde el patriarcado, el especismo y la lógica perversa de ciertas falsas elecciones atraviesan la porosa cotidianeidad de los días.

Como un espectro, Fantasma, recorre las calles y los lugares que le fueran tan conocidos con extrañeza, sorpresa y cierto desapego. El dilema de entrar y perderse en las estructuras de poder, violencia  e impunidad del pueblo o mantenerse al margen en una suerte de resistencia contemplativa y de acción micropolítica es uno de los ejes conceptuales sobre el que giran las situaciones de Fantasma vuelve al pueblo.  Sin la gravedad de la denuncia literal pero dejando constancia – con ácido humor – de las consecuencias que provoca “la rueda que mueve al mundo (dinero, sangre humo)”, como dicen y cantan Los Espíritus.

Augusto González Polo es quien tiene la visión, dirige y escribe (con la colaboración en el guión del realizador chileno Che Sandoval) Fantasma vuelve al pueblo (2021). Su mirada capta los intersticios de un tiempo condicionado pero que respira humor, suspicacia y resistencia. En los fuera de campo quedaron la situaciones de violencia explícita y sus personajes transitan sus días con nostalgia de la inocencia perdida, algunos resignados y otros con una rebeldía opaca. El olor a mierda no está en el chiquero sino en las terminales nerviosas del capitalismo de todos los días.

Hay, por supuesto una historia y sus rizomas. Hay decisiones que los personajes toman (a veces por decantación). Alfonso Tort (Fantasma) y Diosque (Luis Miguel) funcionan como una pareja sólida en sus diferencias.  Josefina Kramer (Virginia) da cuenta de su personaje con naturalidad y sabiduría actoral al igual que Paola Wrage (Leila) y Johana Pirelli (Bárbara) ofrecen frescura y espontaneidad. Fernando Rosa (José) resuelve con oficio su personaje que opera como un metrónomo en ciertas situaciones. El grupo de amigos, los padres de Fantasma conforman un mix de actores profesionales y actores que forman parte de ese universo que se representa con trazos impresionistas. Uno de los grandes hallazgos del elenco es Ricky, sin duda. Hay running gag, hay situaciones dramáticas (una breve y contundente aparición de Malena Reynoso) y hay una – tierna – temperatura evanescente en algunos paneos. En esa vibración, en esa resonancia está la música de Las Liebres compuesta por Federico Delbon

El equipo de realización estuvo compuesto por especialistas misioneros y provenientes de diferentes lugares con reconocida trayectoria en cada uno de los rubros. Coordinando la logística general está Daniel Rutolo quien fuera Jefe de Producción – entre otras realizaciones – de Carancho (Pablo Trapero, 2009), El campo (Hernán Belón, 2011), La patota (Santiago Mitre, 2015). Las locaciones estuvieron a cargo del misionero Lucho Bernal (Quieta non movere, 2011). En la cámara Martín Turnes cuya filmografía tiene títulos como Quién mató a Mariano Ferreyra (Alejandro Rath y Julián Morcillo, 2013), Pichuco (Martín Turnes, 2014) y Carne Propia (Alberto Romero, 2016), como primer ayudante se desempeña nuestro ya conocido realizador y camarógrafo Diego Bellochio creador de Pálido Indicio (Matías Njirjak, Diego Bellocchio & Franco Nasario, 2008), Mañana Siesta Tarde Noche Bellochio 2011) y Respiro (Bellochio, 2016); a los que se suma la prestigiosa fotógrafa y realizadora audiovisual Delfina Margulis directora del documental Marcas Na Pel Do Papel (Delfina Margulis, 2016) y ganadora en el año 2017 del concurso de desarrollo Raymundo Gleyzer Cine de la Base con su proyecto documental Los días sin tiempo. En la dirección de sonido se encuentra otro especialista en el área como lo es Gastón Dacosta que cuenta con la asistencia de David Amarilla.

Quiero detenerme un instante en la forma que Augusto González Polo plantea la dirección de actores. Alejado del tono “teatral” tan común en el cine argentino (y en otras cinematografías también, claro) la búsqueda pasa por un cierto despojamiento y sequedad que intenta capturar lo que Robert Bresson llamaba “fragmentos de lo real” aunque, a veces, ni siquiera fuera “el tono de la vida”.

En algunas reseñas que hice – tiempo atrás (en otros blogs) – sobre la filmografía de Augusto González Polo tomaba como genealogía de su cine a Jim Jarmusch, por poner un ejemplo. Bien podría ser un John Waters o Armando Bo contenido. Sin embargo, después de ver Fantasma vuelve al pueblo, en esa libre asociación que me permite surfear en el lenguaje audiovisual, vi los espectros de Billy Wilder y Ernst Lubitsch con modos indie. Sucede que – en  los días de pandemia del 2020 – me dediqué a ver algunos títulos clásicos del cine de Wilder: El apartamento (The Apartment – 1960), Una Eva y dos Adanes (Some like it hot – 1959) y Sunset Boulevar (1950) entre otras. Le comento a una amiga que estaba viendo esas películas y le digo: ¡Qué gran comedia El Apartamento! Y ella, muy seria, me dijo: Para mí, no es una comedia. Algo así sucede con Fantasma vuelve al pueblo. Es una comedia y no. Augusto tiene la capacidad de captar en lo leve, la gravedad. Es la resaca después de la fiesta. Es el cine como espectro.  ¡Ay, los géneros tan en retirada!

Café Azar

18 de febrero (dos años después) de 2021

en Posadas, Misiones, RA. –

Fantasma vuelve al pueblo fue filamda en la localidad de Aristóbulo del Valle, Provincia de Misiones durante el mes de febrero de 2019 y fue producida por Mónica Amarilla (Inimaginaria Producciones) en coproducción nacional con Santiago Carabante y Montecine SAS (Yamila Barnasthpol) y fue realizada con los aportes del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y el Instituto de Artes Audiovisuales de Misiones (IAAVIM).

Hoy, 18 de febrero se estrena en la plataforma de Cine.ar


Listilla (playlist) de Rock Argento de los primeros años.