Puto

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Ezequiel Barrios Ph: Café Azar

Puto. La palabra. La sonoridad cruda, tajante de la p y la t. Puesta la boca como para escupir. No hay forma de decir puto sin cortar el aire, la tenue suspensión del silencio. Un antes y un después, aunque se repita una y otra vez. Desgarro en el sentido, y en el sonido. “Quiero dedicar esta función a todos aquellos putos que siguen rebotando en los armarios” dijo Ezequiel Barrios al final de la función en el escenario Ismael Fernández, de la Sala Horacio Quiroga del Centro Cultural Vicente Cidade.

Un cuerpo que grita. Y dice. Cuenta. Denuncia. Testimonia. Goza. Sufre. Como capas que lo atrapan y lo liberan en el mismo movimiento. Hay un trabajo físico que sincretiza lenguajes, técnicas, tradiciones expresivas y movimientos de referencia cotidiana. Un ready-made coreográfico, sorprendente y preciso. Destreza y sensibilidad que resignifican el cuerpo, el ritmo, el paso. Ese cuerpo en movimiento está atravesado por la didáctica que ofrece la estética power point, las sombras que duplican, deforman y crean nuevas imágenes y los carteles (en pantalla y en la mano)  tipo el video pionero de Dylan: Subterranean Homesick Blues. En ese video aparecía Allen Ginsberg y me tomo el atrevimiento de asociar la escritura de Ginsberg y Bourroughs (y Perlongher, claro) como genealogía del concepto de Puto.

 

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Ezequiel Barrios Ph: Café Azar

 

El camino del héroe y su enfrentamiento a los legados, a las imposiciones, a lo que el propio cuerpo y corazón siente. Una lucha clásica en la literatura, en la vida. Para ello, para sobrevivir, el poder y la resistencia juegan un ajedrez con finas y ambiguas armas.

Imágenes físicas, imágenes virtuales, imágenes en palabras. Hay textos, sí. Monólogos, gritos y palabras exprimidas hasta casi agotarse. Poética de identidades oprimidas, de metáforas crudas, de humor ácido y corrosivo. De eso se trata, de romper, de salir, de liberarse. Y ahí lo político resuena golpeando las puertas del closet. La decisión de ser lo que uno es. Eso es político, develador, transformador.

Puto, es el concepto. Puto, es el sistema dominante. Puto, el héroe que lo cuestiona y lo pone en evidencia. Puto, el que dona su cuerpo y su vida. Puto, el que baila sus identidades. Puto, el que goza. Puto el que lee, y pasa a otra cosa.

 

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Ezequiel Barrios Ph: Café Azar

 

Café Azar

07/04/18

Posadas, Misiones, RA. –

(Reseña libre sobre la presentación de la obra de Ezequiel barrios: Puto en el marco del Ciclo de Montajes y Desmontajes organizado por La Sequeira en el Centro Cultural Vicente Cidade, el viernes 6 de abril de 2018)

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Luminosidad (memorias en suspensión)

 

Al pasar de los días, después de mucho tiempo de adioses, algunos recordados y otros – indefectiblemente – olvidados, me preguntaba cuántas despedidas pueden sucederse (una tras otra) en una vida. En realidad, ya me había despedido. Eso fue hace mucho tiempo, cuando dejé la casa natal, la de la infancia y adolescencia para iniciar otras vidas en otro lugar. Pero ahora es diferente. No creo mucho en la palabra definitiva, pero si en el peso que proyecta. Fue el lugar desde donde salí al mundo. El espacio de mis primeros juegos (solitario primero y con mis hermanas, más tarde). Donde recibí el amor, el cariño, la indiferencia y el reto de mi madre y de mi padre. Un patio con un limonero en el centro que ya no existe, piso de tierra y una parrilla precaria atrás. Después, ya más grandes – con amigos y amigas – los cigarrillos a escondidas en la terraza o la juntada para escuchar los discos de rock en el Winco. Siempre hubo libros, colecciones de libros que en algún momento devoré apasionado: desde los libros de tapa dura y amarillos de la biblioteca Robin Hood hasta las estremecedoras y sensibles historias de Ray Bradbury en la colección Minotauro. Esos libros nos embarcan en viajes y países de los cuales nunca se regresa.

 

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Esos fragmentos de voces, angustias, placeres, risas divertidas, susurros, cobijos y escenas dudosas que desfilan en la memoria las veo como de una inmaterialidad que flota suspendida en el aire. Y que se ve al mismo tiempo que se siente. Si tuviera que pensar en una sola palabra que identificara esa serie de sentimientos ligados a la vida en un lugar (la casa natal en este caso) es luminosidad. La de las habitaciones, los pasillos, el baño, el patio y la terraza. La luminosidad es diferente a la luz de un espacio. Es una reverberación inasible. Es lo que uno siente que queda en el aire después de escuchar un acorde aumentado o disminuido suspendido. Inestabilidad y tensión dicen los manuales al referirse a este tipo de acordes. Y nada define mejor la luminosidad. Algo así como la relación entre el concepto de sonido y el de sonoridad. La sonoridad no es absoluta y, si bien existen unidades cuantitativas que forman parte de un proceso de medición, esta siempre es relativa. Le agregaría a esta definición usualmente usada de sonoridad un aspecto que surge de la materialidad acústica de la palabra y que relaciono con esas partículas que caen suspendidas en el aire y se ven sólo a trasluz.

 

Hay recuerdos que parecieran ser solo luminosidad. No importa si los colores son cálidos o fríos. Es ese resto. Esa vibración que opera movilizando nuestra sensibilidad más profunda. Imposibles de fijar, inaprensibles y arbitrarios. Están, pero cuando los nombramos, desaparecen (aunque siguen ahí, en nuestro latido).

 

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Camino por las habitaciones vacías y los siento asaltando mi escasa lucidez. Se me muestran informes, en un brillo o una sombra. Sé que me los llevo. Que al dejar esta casa seguirán conmigo, tal vez mutando, tal vez siendo olvido. No es el lugar, es uno el que habitó entre esas paredes en un tiempo de juegos y descubrimientos. Ahora, ya pasados los años, los siento intervenir – como en guerrillas fugaces – en los momentos más inesperados. Me despido de un lugar pero aquella luminosidad forma parte de mí, discreta y definitiva.

Café Azar

Mediados de marzo de 2018

Posadas, Misiones, RA. –


La super VHS y la resaca existencial: algunas ideas sobre Nada (Ricardo Alcaraz, 2005)

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En la proyección de mi memoria está entre entre Kids (1995) de Larry Clark y los protocolos estéticos del manifiesto primaveral del dogma 95. La tenía ubicada en los noventa pero la data cierta, la que aparece en los créditos es de los primeros años del 2000. Precisamente el 2005. La fui a ver cuando me enteré de su proyección en el Centro Cultural. Recuerdo que salí movilizado y locuaz discutiendo con alguien que casualmente recorría las mismas cuadras de regreso a no sé bien dónde. De esa discusión me acuerdo que giraba en torno a jóvenes sin proyectos y la evaluación moral que eso presuponía. Jóvenes sin FODA, ni planes estratégicos, pienso ahora que se refería mi interlocutor. En la amable y medida forma de intercambiar argumentos en que trascurrieron esas cuadras creo haber dicho que no se trataba de juzgamientos, ni de discursos morales sino de una descripción – ficcionalizada – de un grupo de pibes en esos momento que van de la noche a la madrugada. Sin tomar partido y con los recursos de la narración audiovisual. Para no ser injusto quizás – ni mi circunstancial compañero de caminata, ni yo – hayamos argumentado de esa manera. Lo que sí puedo afirmar es que las imágenes de Nada quedaron guardadas por mucho tiempo hasta ahora que intento exorcizarlas en forma de texto.

Nada tiene la dirección y el montaje de Ricardo Alcaraz, iluminación y cámara de Pedro Frías, Eugenia Velázquez en utilería y escenografía, la música de Neto y Payé y actúan en la peli: Lucas Pérez Campos, Karin Schöller, Fernando Molina, Eugenia Velázquez, Pacho Montiel, Romina Coniglio, Raúl Ortega, Diego Acuña, Violeta Vidal y Andrés Barchuk.  Todos ellos integrantes del grupo de experimentación teatral Déjà-vu. La película no guarda relación alguna con las tres obras que había presentado el grupo anteriormente (“Paz, amor, violencia y degeneración IV”, “Guara guara” y “Una mierda”). Sin embargo, en algunos diálogos aparece la referencia a la última de las obras mencionadas. Según reza en títulos finales: “Esta película fue filmada durante 14 horas continuas un sábado de mayo del 2005, utilizando una cámara JVC GR-SX867, y fue editada digitalmente entre los meses de mayo y septiembre. El presupuesto total de esta producción fue de u$s 30.” Así las cosas.

 

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Podría decirse que la película trascurre en una suerte de símil de tiempo real. Salvo la secuencia del inicio en donde se prefiguran los personajes protagónicos – ya sea en  la pantalla o través de su mención – el resto podría interpretarse en una sola secuencia temporal. Es más, esa primera secuencia queda separada del resto del relato por los créditos de presentación de la peli. Sólo el nombre de un protagónico se hace imagen en el personaje después de los títulos. Lo que sigue es un viaje a través de relaciones inestables (¿hay alguna que no lo sea?) y situaciones de extrema poesía, crudo registro, humor negro (o cínico, tal vez), y autoconciencia del relato. Para esto, el guión de Ricardo Alcaraz y Lucas Pérez Campos retoma elementos de la comedia de enredos con situaciones muy alejadas de los teléfonos blancos de Mirtha Legrand y la inmaculada sonrisa de James Stewart. Recursos narrativos que hacen que los personajes de Nada puedan moverse por las situaciones más complejas en un estado de naturalidad – no de realismo – casi inconsciente.

No importa – al menos a mí no me importa – hasta qué punto el resultado de los conflictos que se van sucediendo en la larga noche de Nada fueron parte de un trabajo de improvisación o de férreos guiones. Lo que me importa es el carácter narrativo sólido que presenta la película. Ese es el único compromiso con el espectador. En ese sentido creo que Nada recupera para sí lo mejor del cine que cuenta historias describiendo ambientes. Algo así como melodías inmersas en inseparables armonías.

 

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Encuentro belleza poética en la estética low-fi. En Nada hay imágenes muy poderosas en el ruido de sus imágenes, en su iluminación difusa, en lo que dejan caer los actores: lo de los “lunares de la lluvia” es imagen y palabra que aún da vueltas por mi cabeza. Los 30 dólares de presupuesto pasan a ser una declaración de principios y una toma de posición estética. A la manera de la ética DIY (Do It Yourself) del punk de los ochenta en Nada la forma y el contenido están íntimamente ligados. Es una mirada de una noche en que, al igual de lo que registra la super VHS en condiciones de baja luminosidad, está constituida por los claroscuros de una resaca inmensa.

Relaciones cruzadas, silencios, pulsiones sin control alguno, el sexo y el amor, lo dicho y lo no dicho, la terrible ambigüedad de la existencia y el ruido blanco por detrás de las visiones que nos asaltan en las largas noches. De todo eso, trata Nada.

 

Café Azar

Fin de febrero de 2018

Posadas, Misiones, RA.-


Litto Nebbia & Los Nuñez + Cacho Bernal: el arte del cuarteto

Era el año 83 y, el gran maestro y querido, Raúl Pupo Báez nos abría las puertas de Lt17 Radio Provincia FM para que, Nancy Albohaires, José Baez y quien esto escribe, hiciéramos posible algunos proyectos radiales de músicas diversas. Eran tiempos de vinilos y cassettes. Traíamos – compartido – una suerte de virus. Era nuestra fascinación por Litto Nebbia y su obra. No se trataba sólo de canciones, de fraseos y formas de cantar, sino de actitud ante la música – o mejor – ante el compromiso artístico.

Pasaron muchos años desde (aquel) entonces. Hubo artistas de Misiones que grabaron junto a Litto que generosamente puso a disposición las instalaciones de los Estudios Nuevo Mundo para que editaran sus propuestas: Hugo Guardaviento, Claudio Bustos y Gastón Nakazato. Con el tiempo se fue dando una relación fructífera entre algunos músicos misioneros y Litto Nebbia. De empatía y reconocimiento. No sólo de aquellos que grabaron con él sino también los músicos que pasaron por los estudios a tomar un mate y acompañar a los que grababan.

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13° Festival Nacional del Taninero y 6° Festival de Chamamé del Chaco en Puerto Tirol, enero de 2017

Cacho Bernal

En el año 81, al llegar en tren a la estación de Posadas, poco sabía de la música y de los músicos de la ciudad y la provincia. Después de algunos departamentos prestados y pensiones desembarco en la Cofradía, una casa antigua bien frente al Paraná. En ese tiempo conozco a Pomelo Mottola, Pocho Agüero, Johnny Behr y a Cacho Bernal que formaban un grupo llamado Clave de Hoy. Una banda que bien merece un texto aparte. Por lo pronto diré que se trataba de música instrumental, influenciada por el jazz rock pero con un sonido muy particular.

Allí estaba Cacho, baterista iluminado, versátil y creativo. Después en Khorus (de espíritu Waldo de Los Ríos) y Materé, la banda que en sus dos formaciones supo materializar el sonido de las maderas en la música del Litoral. No haré una recorrida por las bandas y solistas en las que Cacho supo aportar su sabiduría y su tempo. Creo entender que a Cacho Bernal lo desvela la búsqueda de la rítmica profunda de la región. Cacho fue de Billy Cobham a los tempos de Montiel, Isaco, Cocomarola, Blasito y Ramón Ayala. Escuchar a Cacho Bernal es comprender, como en una epifanía, el groove del litoral.

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13° Festival Nacional del Taninero y 6° Festival de Chamamé del Chaco en Puerto Tirol, enero de 2017

Los Nuñez

Pico y Chavo son los tipos que supieron anudar los caminos de la tradición con el vuelo de la innovación. Otra vez la versatilidad para abordar la música urbana, el chamamé profundo inspirado en Blasito e Isaco, el vanerao de frontera y el chotis de la inmigración europea. Son los diferentes sotaques que aparecen en el bandoneón de Pico o en la guitarra del Chavo.

Sonoridades de la tierra colorada que atraviesan historias, colores, gastronomías en un registro que algunos llaman de raíz y yo prefiero llamar de rizoma. Del entramado que es Misiones surgen Los Nuñez para bocetar en armonía, melodía y ritmo un paisaje heterogéneo e inefable.

Desde su primer disco: Nueva Ilusión, hasta el último: 3 Fronteras, Los Nuñez fueron dando forma a un sonido que abreva del lenguaje popular de la música de la región y se proyecta en una poética original y universal.

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13° Festival Nacional del Taninero y 6° Festival de Chamamé del Chaco en Puerto Tirol, enero de 2017

Amigos del Litoral

Litto Nebbia & Los Nuñez + Cacho Bernal. Así se presentan y así consta en la tapa del CD. Fotografía en blanco y negro, estilo los viejos discos de Eduardo Lagos, Miguel Saravia o Manolo Juarez. Discos que combinaban la estética de blue note de los 50 y las tapas de Microfón o Trova de la nueva canción folklórica a comienzos de los sesenta. Sin embargo este CD es del 2017, casi 2018, diría. Otra vez, Litto con músicos misioneros.

Cuarteto

Benny Goodman, Ernesto Montiel, Emilio Chamorro y John Coltrane entre otros han sido cultores de esta formación. En este caso guitarra, batería/percusión, bandoneón y teclados (y la voz de Litto, claro). Cuando uno escucha las canciones que componen el disco tiene la sensación de que se trata de músicos que hace muchos años están tocando juntos. Sólido y espontáneo a la vez.

Sobre la(s) música(s) de los amigos

La primera invocación en forma de track es Posadeña Linda, de nuestro Obi-Wan Kenobi llamado Ramón Ayala. Es sabido que tanto Litto como Ramón habitan la Tower of song (si, allí donde en las madrugadas se oye toser a Hank Williams). Se trata de una inspirada versión del chamamé canción que vira al final en gualambao. Es en ese momento cuando –como latigazos – aparecen los fantasmas de la Bajada Vieja. Viaje psico al corazón del viejo barrio posadeño que con sus historias de mensúes, boliches y bailantas es el escenario de una evocación enamorada.

Ahí vienen Los Nuñez es un instrumental que Litto le compuso para Pico y el Chavo, y en esos dos primeros temas del CD se prefiguran las armas estéticas del cuarteto que componen estos amigos del litoral. Una base rítmica precisa, sabia, conocedora de los secretos mejor guardados de la música de frontera, de la música de la región, sensiblemente universal en su diversidad, en su poliritmia, en sus cadencias ternarias. A esto se suma la combinación perfecta de virtuosismo, tradición y personalidad en registros de inspirada belleza.

Lucecita, quien es el culpable (tal su título original) es una canción que había aparecido en Creer, uno de los discos que Litto editó en México en los 80, allí estaban, también, Sólo se trata de vivir y una canción que forma parte de mi altar personal y que me tomaría el atrevimiento de sugerir para este cuarteto: La Nebbiera. En 2012, con la formación de Nebbia,Homer e Ingaramo (Juan) volvía a aparecer como instrumental y en el segundo: Varité Cantábile, nuevamente cantada. Lucecita es un link directo al corazón de la música y la poética de Nebbia, frases rulfianas se desgranan en la canción: “A su alrededor. / Antes había sombras, mientras salía el sol. / Y ellos descansaban sobre mi figura, / esos que ahora ya no me quieren ver. / Mientras yo trataba de crear la luz a su alrededor. / Mientras yo trataba de inventar la luz a su alrededor.” Aire de vals amanecido y el bandoneón sugiriendo los aparecidos del desierto.

Una versión muy fresca del Chamamé de los tres con un solo montielero por parte del Chavo y una versión sentida de El Fiero, esa zamba de Hilda Herrera y Margarita Duran basada en el personaje el Fiero Vazquez de la novela de Ciro Alegría: El mundo es ancho y ajeno, dan pié a lo que considero el nudo conceptual del disco.

La Calandria (1952) de Don Isaco Abitbol abre el camino hacia las profundidades de la música de la región. No sé cuántas versiones grabadas tiene este chamamé. No sé cuántas veces se toca en los festivales folklóricos o en fiestas populares. Era todo un desafío agregar una nueva versión. La intro del Chavo, casi minimalista, anticipa la poderosa melodía que Pico desarrolla poco después. Con Cacho marcando sólido la rítmica chamamecera, guitarra y bandoneón van componiendo las bellas texturas de la canción. Y ahí va Litto, con sus teclados, acomodándose al groove del trío misionero, mostrando que la melodía es un puente que atraviesa géneros, tradiciones y aduanas burocráticas. Tuve la suerte de escuchar a Don Isaco tocando versiones de temas de Piazzolla en alguna peña posadeña en la madrugada. La emoción contenida en su bandoneón, la delicadeza en sonidos apenas perceptibles daban cuenta que su música era la expresión de un espíritu iluminado y generoso. No hay fronteras cuando la música fluye. Y esa sensación transpira esta versión de La Calandria.

Y así aparece Recuerdos de Ypacaraí del compositor Demetrio Ortíz, canción escrita en 1948, en la provincia de Córdoba, durante una gira con el Conjunto de Félix Perez Cardozo. La letra es de una poeta argentina Zulema de Mirkin que le puso letra dos años después (en 1950) cuando el autor le contó que la melodía había sido inspirada en una historia de amor que había sucedido a orillas del lago. Contaba Demetrio Ortíz que al principio los músicos que lo acompañaban no querían tocar Recuerdos de Ypacaraí porque les sonaba a bolero y no a guarania. Vaya esta extensa introducción como pliegue necesario para entender que la alquimia de la canción tiene vericuetos que se escapan de ciertos fundamentalismos administrativos. La versión tiene el carisma de Litto en plena forma, las texturas armónicas que entrelazan teclados, guitarra, percusión y bandoneón. Un sonido de maderas, acústico y regional dialoga con un teclado de brillantes reflejos Fender Rodhes.

Mañanita Posadeña es el tema donde definitivamente la propuesta de Los amigos del litoral se mete de lleno en el paisaje sonoro de Misiones y, especialmente, de Posadas. Compuesto por Pico Nuñez el tema – instrumental – es un viaje a la rítmica de frontera y el bandoneón, que hace la voz solista. Pico recupera los fraseos de las composiciones (y el canto) de Fermín Fierro y el bandoneón Blasito Martinez Riera.

Dos temas de raigrambre brasilera aparecen después, alternados. Travessia, una canción de Milton Nascimento y Fernando Brandt del año 1967 (obtuvo el segundo lugar en el Festival Internacional da Canção de ese año realizado en el Maracanazinho en Rio de Janeiro). Y Eu sei que vou te amar de Vinicius de Moraes y Tom Jobim del año 1959. Canciones que forman parte del universo de la MPB y de la bossa nova. Las versiones de Los amigos del litoral tienen un sotaque regional y litoraleño, sobre todo el tema Milton y Fernando Brandt. Hay un aire rural capiau o caipira que acerca esa música mineira al repertorio popular de la región. Por mi parte hubiera preferido una aproximación al repertorio de la música gaúcha (Luiz Carlos Borges), de Porto Alegre (Vitor Ramil) o de San Pablo (Renato Teixeira o Almir Sater) más próximos en el intercambio de la frontera (en las sonoridades y estéticas) que nos toca vivir.

También aparecen, en lo que arbitrariamente considero, la segunda parte del disco dos canciones nuevas de Litto: Orillas del alma y Mi razón de amor (en coautoría con Pablo Mema); una nueva versión de esa bellísima canción con aires de zamba (litoraleña, agregaría) llamada Desde aquel entonces (Música de Litto y letra de Cecilia Nella). Una viñeta de Pico Nuñez y un clásico chamamecero de Marcos Ramírez y Heraclio Pérez: Puerto Tirol cierra el disco. En orillas del alma, en su letra – aunque también en su música –hay una fuerte declaración de principios: “No hay nadie que pueda evitar que se mezclen las almas”. Música y letra de los ríos que fluyen integrando orillas, lenguajes, sotaques y afectos.

Litto Nebbia & Los Nuñez + Cacho Bernal: Los amigos del litoral nos regalan la poética sonoridad del encuentro y la diversidad en canciones que forman parte de múltiples y diversos universos sensibles e iluminados. En fin, el arte del cuarteto.

Café Azar

En un enero de festivales litoraleños de 2018,

Posadas, Misiones, RA.-

 


Urú Serie Web, poética audiovisual, rizoma y fuera de campo

Uno) Cuando uno no deviene dos

Urú y otros relatos de la tierra  colorada, serie Web escrita por Cecilia Rodriguez y Elián Guerín y, dirigida por este último, es – creo – una fuerte apuesta a desmarcarse del eje metonímico que abunda (tanto en ficción y en documentales) en la producción audiovisual local. El campo de la metáfora, en su narrativa rizomática, encuentra en la serie su mayor riqueza. Para esto fue necesario salir de un relato lineal y asumir este como multiplicidad. Salir del naturalismo, incorporar subjetividades y sentidos que vayan más allá de lo explícito.

(Advertencia)

No leí el libro sobre el cual está basada la serie web, por lo cual mi mirada se remite a lo visto y escuchado en la pantalla de mi pc.

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El uso del fuera de campo posibilita que sea el espectador el que termine de cerrar las historia y sus significados. Este recurso de la maquinaria narrativa (audiovisual, para el caso de Urú) establece tensiones interpretativas (densidad significativa) que le dan un carácter poético, inaprensible y abstracto. Apartarse de la palabra, salir de la grafía, del texto lineal como base y sostén de las historias narradas para la construcción de un artefacto intervenido con múltiples lenguajes de gramáticas y semánticas que conviven, se cruzan y – muchas veces –colisionan. Esto se mantiene en gran parte de los capítulos de la serie. Salvo en, justamente, el capítulo en donde se relata la historia de Urú.

Capítulo siete)

Creo que en este capítulo, la forma en que se relata, es de la más tradicional. Es, me parece, el capítulo más aferrado a la escritura a pesar de que –paradójicamente – el recurso narrativo es el del relato oral. A la manera del Marlow de Joseph  Conrad o de aquellos personajes de Horacio Quiroga que cuentan sus historias, aquí tenemos un bar, un borracho que habla por birra y el escritor.

Elenco)

El trabajo actoral, la dirección de actores es de una precisión y calidad tal que uno puede percibir los vericuetos emocionales de cada personaje. Hay escenas en donde la tensión emocional traspasa la pantalla: La escena del hijo hablando con su madre (Nico García Hume y Silvia Gonzalez) es de una intensidad tan profunda que con sólo verlos uno sabe de qué va  (creo incluso que hasta sobran las palabras del guión sobre reclamos de amor materno-filial), la transformación de Ismael (Omar Holz) y, la pelea entre el gringo y el Urú (Salvador Gimenez y Cristian Salguero) son un ejemplo de ello.

Música)

La música, creada por el grupo Canoa, agrega sonoridades y reverberancias lo suficientemente ambiguas como para construir ese espacio evocativo y emocional en donde se desarrollan las historias. Vibración sugestiva, paisaje sonoro subjetivo y particular. Metáfora sutil y necesaria.

Fotografía)

No se trata sólo de desmarcarse de una forma de contar, sino también de una forma de ver. Pareciera que Misiones sólo puede verse con colores saturados,  extremadamente cálidos y de alto contraste. En Urú se muestra otro camino posible. Posiblemente sean –interpreto sin red – las tonalidades de la evocación. Algunas de las potenciales, claro. Agrego, además, un agradecimiento. El uso mesurado de la profundidad de campo reducida. El efecto bokeh me ahoga en estos tiempos.

Final o prefacio)

Sería bueno que el remanido discurso de la diversidad misionera (del cual uno ha hecho uso y abuso) pueda plasmarse en más realizaciones audiovisuales cómo lo propone Urú. No como receta, sino como posibilidad. Cómo reza la placa al inicio de cada historia de la serie.

Historias, mejor.

Café Azar

Mediados de diciembre de 2017

Posadas, Misiones,RA

Ficha Técnica:

URÚ Y OTROS RELATOS DE LA TIERRA ROJA Producida por Ana Victoria Espinoza Dirigida por Elian Guerin Con el apoyo del INCAA y IAAVIM Elenco: Nico García / Omar Holz / Cristian Salguero / Annie Fink / Juanse Giménez / Silvia González / Nuni Ferreira / Salvador Giménez / Walter Moreno Guion: Elian Guerín y Cecilia Rodrigues / Adaptación del libro “Urú con otro relatos” de Sergio Alvez / Dirección de fotografía: Iñaki Echeberría / Dirección de arte: Luca Da Cruz / Casting y asistencia de dirección: Cinthia Konopacki / Dirección de sonido: Guillermo Ursini / Coordinación de producción: Diego Bogarin / Música Original: Canoa / Edición: Horacio Iaboni 2da Asist de Dirección: Lucía Orlando / Asistencia de cámara /Foquista: Julio Noguera / Asistencia de Iluminación: Gastón Della Bernarda / Ambientación: Guadalupe Acevedo / Vestuario: Luciana Bobadilla / FX y Maquillaje: Kike Sandoval y Eric Benítez / Asistente de Vestuario: Agustina Roman / Utilero: Leandro Giménez / Auxiliar de producción: Analía Vargas / Diseño gráfico: Rodrigo Benítez / Tutor INCAA del proyecto: Sergio Iglesias / Estrategia de comunicación: Ana Victoria Espinoza


Cangrejear, los itinerarios de la intuición

Hay veces en que solo basta mirarse y una corriente fluye entre los cuerpos sin siquiera detenerse en protocolos, lenguajes, religiones o culturas. Suele pasar muchas veces y se manifiesta cómo intuición – indicial, fugaz y frágil -que no siempre (diría la mayoría) termina en la intimidad que esa energía sugiere. Claro, hay múltiples aduanas que atravesar entre una y otra persona. Mandatos, legados, culpas, vergüenzas y palabras. Sobre eso hablábamos -con menos metáforas- con una amiga. Y es en ese momento cuando la escucho decir la palabra cangrejear. Sonó a acusación (casi de inquisición), pero a mí me gustó su sonoridad. Y sus posibles sentidos. Le pregunté sobre el significado. Me respondió que como dicen que el cangrejo camina hacia atrás, es cómo andar intentando acercarse a alguien dando rodeos, sin ir de frente. Me quedé mascullando sobre la palabra y es cuando pensé en escribir este texto.

Claro que las cosas (sobre todo hablando de cangrejos y relaciones humanas) no son como uno las presupone. Al googlear la palabra me encuentro con que su significado no es el que me había dicho mi amiga. En la base de que el cangrejo camina hacia atrás, cangrejear significa – en tierras colombianas – tener un algo (que bien puede ser sexual) con una ex pareja. En Guatemala es manosear a una mujer. En el diccionario de la Real Academia, en su página de internet, contundente, reza: “La palabra cangrejear no está en el Diccionario.”

Fue grande mi decepción porque a partir de la primera definición de cangrejear, había elucubrado una serie de reflexiones sobre la conexión energética entre las personas. Decidí apelar a un recurso que muchas veces he rechazado (y seguramente rechazaré posterior a este texto). Un recurso que asume un efecto de verdad. Lo verdadero, ponele. Y es así: los cangrejos no caminan hacia atrás sino que lo hacen de lado. Y aunque atrás, adelante o de costado sean construcciones culturales que sólo quienes tengan la paciencia de leer esto puedan discernirlo con alguna precisión, es la manera que encontré para encausar este texto que –por un momento- pareció ahogarse en la arena de una playa llena de cangrejos semánticos.

De ahí que definiré cangrejear como a mí se me dé la gana. Entiendo como cangrejear los pasos y contrapasos, las idas y vueltas, los gestos ambiguos y precisos, los pañuelos que se dejan caer, la luz en los balcones, los chistes por whatsapp, las fotos compartidas, los like de las redes sociales, las risas cómplices que forman el itinerario que va entre aquella mirada que desató las compuertas de una energía que fluyó entre dos personas que apenas se vieron hasta el probable roce agónico y final de esos cuerpos entregados, entrelazados, agotados, fundidos en un éxtasis sin fin.. Hay veces que el goce se encuentra en ese itinerario (los aburridos sintagmáticos a eso lo definen como – simplemente -: histeria). Otras veces, perdemos el GPS y hasta olvidamos que alguna vez en nuestra brújula había un norte. Y, en fin, en las pocas y contadas veces que llegamos al cielo de la rayuela, un nirvana particular nos ilumina.

En ese momento, solo queda agradecer.

Café Azar

En Posadas, Misiones,

un diciembre caluroso de 2017. –


El sustrato

SM

“Es Santiago.” Después del  punto, silencio. Un segundo de inconmensurable y triste silencio.  Así – sólo en ese instante –  callaron aquellos que de traje y corbata o fulgurantes vestidos acaparaban pantallas vomitando versiones que apenas dichas revelaban su miserable podredumbre. El perfume con que la hipocresía disfraza su mala leche. Son políticos en campaña, más allá o más acá de cada uno de nosotros; son funcionarios del gobierno embrutecidos por la soberbia, la inmunidad (y escasa humanidad); son comunicadores y periodistas haciendo el trabajo sucio de enlodar lo ya barroso.

Pero hay algo que une, o linkea para decirlo en términos que circulan en estos tiempos, a Walt Disney, el pibe que hace dedo, aquel que se corta las rastas en una peluquería puntana, el pueblo donde todos se parecen o el mínimo porcentaje que – paradójicamente –  fracciona a una persona (y ese porcentaje parece haber cruzado la frontera de la zona). Se trata de lo siniestro. Aquello que por conocido nos devuelve una extraña y a la vez reconocible perversidad. Son afirmaciones, chistes, palabras, imágenes, videos que circulan en pantallas diversas. Antes, compartido en plazas públicas y bares a través de la palabra dicha, el gesto de supuesta sabiduría y el “me dijeron que”. Ahora, inunda redes sociales y sistemas de mensajería en donde se mezclan trolls y muchos, pero muchos, crueles por motu propio. Perfiles impunes de odio y liviandad.

Se trata de las voces de los buenos padres o madres, excelentes empleados y empleadas, grandes y fieles amigos y amigas, jóvenes promisorios y de buenas familias (trabajadoras y cristianas) que destilan morbo, humoradas crueles y descarnadas ante la ausencia del que no está. Ante el cadáver que apareció para hablar (aunque ya vociferan, más fuerte, aquello que quieren tapar). Es la voz miserable del que te dice: “¡Es sólo un chiste!” y después te manda por whatsapp la imagen de la virgencita deseándote buenos días, En ese sustrato operan los artífices del horror (la logia negra lyncheana , el mismísimo Pennywise de Stephen King y, posiblemente, el RRPP ecuatoriano contratado para la ocasión). Es el caldo donde se cuecen la maldad, la crueldad y la atontada indiferencia de quienes comparten sin pensar, ni sentir.

Al decir (cantar) de Andrés Calamaro: es barato, “típico Matute, pero no el de Don Gato”, el vigilante medio argentino. Pero además se caga en el dolor que le es ajeno y afirma sin conciencia patoteando con débiles argumentos. Desde la pared en donde se leía “Viva el cáncer” hasta el desprecio de una persona por ser artesano o tatuador – o simplemente involucrarse en luchas ancestrales contra la injusticia – han sido los modos en que la crueldad – derecha y humana –  se ha expresado en este ispa azotado por la maldad. El abono donde prolifera el narcisismo feroz de la indiferencia y la bravuconada.

En las calles, en las redes, existen, si, otros perfiles.

Café Azar
22 de octubre de 2017
Posadas, Misiones, RA.-